Día 1: RUMBO AL NORTE (De Colmenar del Arroyo a la Montaña Leonesa)
El motor de la BMW K1600 GTL cobró vida temprano en Colmenar del Arroyo. Con el equipaje listo y la ilusión intacta, pusimos rumbo al norte en una escapada de cuatro días que promete bastante. Sin embargo, este mes de septiembre nos tenía preparada una sorpresa con la que no contábamos: un calor sofocante y atípico para la época que nos acompañó desde los primeros kilómetros del trayecto.
Los primeros tramos de la jornada regalaron sensaciones magníficas a lomos de la moto. Cruzamos puertos y parajes castellanos hasta alcanzar Turégano, disfrutando del paisaje y de ese ritmo fluido sobre el asfalto que solo las dos ruedas te ofrecen. Sin embargo, la meseta central no perdona cuando aprieta el sol. A partir de Turégano entramos en una sucesión de carreteras monótonas y rectas interminables, con un horizonte árido y falto de arboledas donde la conducción se volvió más aburrida y exigente por las altas temperaturas.
El tedio de la meseta se vio ligeramente aliviado al cruzar la zona de Aranda de Duero, donde los extensos viñedos tiñeron el paisaje y rompieron la monotonía de la ruta. Aun así, tuvimos que aguantar el tipo bastantes kilómetros más hasta que la geografía empezó a cambiar de verdad.

Fue al aproximarnos a Velilla del Río Carrión cuando la carretera volvió a cobrar vida. La entrada a la montaña palentina y leonesa nos devolvió la sonrisa: los valles se cerraban, el verde regresaba y las curvas nos avisaban de que el destino estaba ya muy cerca. Tras pasar el Puerto de los Picones y Besande, llegamos a Boca de Huérgano para instalarnos en el Hotel Tierra de la Reina.
Con la moto aparcada y tras una merecidísima ducha reparadora, nos pusimos ropa cómoda para aprovechar las últimas horas de luz. No podíamos dar por concluida la jornada sin acercarnos a Riaño. Con el embalse en calma y la luz dorada del anochecer reflejándose en las montañas, aproveché la ocasión para poner a volar el DJI Neo 2 desde el mirador. Las tomas aéreas con esa iluminación fueron sencillamente espectaculares, capturando toda la majestuosidad del «fiordo leonés».

De vuelta al hotel, pusimos el broche de oro al primer día compartiendo una buena cena, tomando algo tranquilos y reponiendo fuerzas para lo que nos espera mañana.
Día 2: DE LOS PICOS DE EUROPA A LA COSTA CANTÁBRICA
Dejamos atrás Boca de Huérgano con la mirada puesta en el mar, pero el camino hasta allí fue una auténtica obra de arte para disfrutar en moto. El trazado de esta jornada fue sencillamente alucinante de principio a fin, arrancando con la subida al mítico Puerto de San Glorio. Curva tras curva, la BMW K1600 GTL se movió con solvencia en su terreno natural mientras ganábamos altura y nos adentrábamos en el corazón de los Picos de Europa, con unos paisajes de montaña que quitaban el aliento.

Tras el descenso hacia Potes y atravesar el impresionante Desfiladero de La Hermida, continuamos dirección a Cangas de Onís. Allí hicimos una parada obligatoria para estirar las piernas y tomar algo a la sombra cerca de su icónico Puente Medieval, impregnándonos del ambiente asturiano antes de encarar el tramo final hacia la costa.

Antes de llegar al alojamiento, hicimos un pequeño desvío hacia el Mirador Capilla de Dolores, un rincón que me gustó muchísimo por las panorámicas que regalaba. Poco después, rozando ya el mar, pasamos por la Playa de San Antolín. No pude resistirme: estacionamos un momento la moto y saqué el dron para realizar unos vuelos sobre el arenal. Las tomas aéreas de la costa, con los surfistas cogiendo olas y la inmensidad del Cantábrico de fondo, quedaron sencillamente impresionantes.

Finalmente llegamos al Hotel Kaype, situado a escasos metros de la Playa de Barro. Tras la correspondiente ducha y con ropa cómoda, salimos a pasear relajadamente por la orilla. La estampa de la playa nos enamoró al instante, destacando la silueta de la Isla de Ramón y la fuerza con la que las olas rompían contra los numerosos riscos recortados sobre el mar.
Para rematar el día desde las alturas, me subí a una explanada natural que se sitúa justo entre la Playa de Barro y la Playa de Sorraos. Desde esa posición privilegiada, volví a elevar el DJI Neo 2 para capturar toda la majestuosidad de este litoral salvaje bajo la luz del atardecer.

Con las tarjetas de memoria llenas de fotogramas espectaculares, regresamos al hotel para tomar algo con tranquilidad, cenar y caer rendidos a descansar con el sonido del mar de fondo.
Día 3: EXPLORANDO LLANES, GASTRONOMÍA ASTURIANA Y LA FUERZA DEL MAR
Nos levantamos con la pregunta del millón: «¿Hacia dónde ponemos rumbo hoy?». La respuesta no tardó en llegar: tocaba jornada de exploración pura, así que nos fuimos directos a Llanes. Aparcamos la moto muy cerca de la Playa del Sablón y nos preparamos para una buena «pateada» a pie por el casco histórico y la costa.
Paseando por sus calles empedradas, fue imposible no dejarse tentar por las tiendas tradicionales repletas de licores artesanales y productos típicos de la tierra, de donde salimos cargados con un buen licor y el infaltable paquete de fabes con sus compangos. Nuestro recorrido nos llevó primero hasta el Mirador Tenderu de Redes, un punto panorámico espectacular. Desde allí volé el dron para capturar la entrada de la ría, la bonita Playa de Las Muyeres y los llamativos Cubos de la Memoria recortados contra el Cantábrico.

Continuamos la caminata hacia el emblemático Paseo de San Pedro, una alfombra verde colgada sobre los acantilados que regala una de las postales más sobrecogedoras de Asturias. Caminar por esta senda sobre el mar, con la villa a un lado y la inmensidad del océano al otro, es una experiencia única. Como no podía ser de otra manera, desempaqueté el DJI Neo 2 para registrar desde el aire la inmensidad de los acantilados y el perfil costero.

Cerca de la una de la tarde, con las piernas bien trabajadas y un apetito considerable, cogimos la moto para dirigirnos a una recomendación que resultó ser un acierto absoluto: Restaurante Casa Poli. La experiencia gastronómica fue brutal. Yo me pedí un chuletón de un kilo de carne exquisita y jugosa; Débora optó por un cachopo descomunal que, lógicamente, tuve que ayudar a terminar. Para coronar la comida, pedimos una ración de pulpo que estaba riquísima. El trato del personal fue impecable y nos echamos unas risas cuando el propio dueño, al ver la BMW K1600 GTL, me soltó entre risas: «¡Te la cambio por dos cachopos y un todoterreno!». ¡Restaurante superrecomendado si pasáis por la zona!

Con el cuerpo pidiendo tregua tras el banquete, nos dirigimos a los Bufones de Pría. Aunque el mar no estaba con la marejada necesaria para ver los chorros expulsados a máxima altura, impresionaba escuchar el retumbo del agua batiendo las cavernas subterráneas y el silbido del aire saliendo por las rocas.
(Nota para moteros: nosotros dejamos la moto en el parking principal y caminamos el kilómetro y medio de ida, pero se puede acceder en moto hasta la propia zona de los bufones ya que está permitido).

De camino a los bufones pasamos por la preciosa Playa de Guadamía. Con el calor que continuaba haciendo, ver ese canal natural de aguas cristalinas daba ganas de tirarse de cabeza; pena no llevar el bañador a mano para habernos dado un buen chapuzón.
Para cerrar la ruta, paramos a tomar algo tranquilo en Llames de Pría donde teníamos la moto. De vuelta al hotel, pusimos punto final a este día tan intenso relajándonos en la playa y contemplando el rompeolas mientras caía la tarde.
Día 4: EL DESFILADERO DEL SELLA, RESCATE AÉREO Y EL ADIÓS A LA MONTAÑA
Llegó la cuarta y última jornada de esta escapada. Por delante nos esperaban bastantes kilómetros de regreso hasta Colmenar del Arroyo, pero aún nos quedaba el plato fuerte de la ruta en cuanto a conducción y paisajes se refiere. Cargamos las maletas en la BMW K1600 GTL, nos despedimos de la costa asturiana y pusimos rumbo a Cangas de Onís para encarar la mítica N-625 con destino a Riaño.
El tramo que conecta Cangas de Onís con Riaño atravesando el Desfiladero de los Beyos y el Puerto del Pontón es, sencillamente, una de las mejores experiencias que se pueden vivir en moto en toda la península. Son algo más de 80 kilómetros donde el asfalto serpentea encajonado entre vertiginosas paredes de roca caliza talladas por el río Sella. La sensación de rodar dentro de semejantes cañones, con la masa de piedra alzándose cientos de metros sobre nuestros cascos y el río discurriendo en paralelo, es sobrecogedora. La carretera exige concentración, pero premia al motero con cada trazada y cada curva ciega rodeada de vegetación exuberante.

Durante este trayecto, el cuerpo nos pedía parar para capturar la inmensidad del paisaje desde el aire. Estacionamos la moto en un apartado del desfiladero y desplegué el DJI Neo 2 para grabar unas tomas panorámicas del cañón y del río. Sin embargo, encajonados entre semejantes moles de piedra y bajo una densa copa de árboles, ocurrió la anécdota del día: ¡el dron perdió la cobertura del posicionamiento por satélite! En cuestión de segundos, la aeronave empezó a derivar y la perdí completamente de vista entre la maleza y los árboles.
Para rescatarlo, se me ocurrió una maniobra «A la desesperada»: fijé la vista en la pantalla del mando, busqué el dibujo del asfalto de la carretera y empecé a seguir la línea de la vía a través de la cámara para orientarme de vuelta hacia donde estábamos. Tras esquivar un auténtico laberinto de ramas y árboles volando por el lateral de la carretera, conseguí traerlo de vuelta sano y salvo. ¡Menudo momento de tensión y qué risas al ver que había salido bien la jugada!
Superada la aventura aérea y dejando atrás la estrechez de los cañones, la carretera comenzó a ascender progresivamente hasta culminar en el Puerto del Pontón. Desde allí, el paisaje se abre para dar la bienvenida a la montaña leonesa. Justo antes de entrar a Riaño, hicimos una última parada técnica en un punto elevado para realizar las tomas definitivas: una vista panorámica espectacular de todo Riaño con el embalse brillando al fondo bajo la luz del mediodía.
Con estas últimas imágenes grabadas en las retinas y en las tarjetas de memoria, dimos por concluida la parte paisajística de la aventura. A partir de Riaño, solo quedó por delante el largo tramo de vuelta a casa por la meseta, con la satisfacción de haber completado cuatro días memorables de curvas, gastronomía y paisajes inolvidables a lomos de la moto. ¡Hasta la próxima ruta!
Kilometraje Total Estimado de la Ruta: ~1.130 km
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